No estoy hecho para los juegos de azar

Fue de casualidad, un estúpido juego en una convención de fin de semana, pero ha conseguido poner en duda toda la racionalidad y seguridad que creía tener. Si hace 2 días hubiera leído esto aseguraría que no podría pasarme a mí. Nada más lejos de la realidad…

El juego consistía en lanzar cuatro dardos de colores (uno rojo, uno azul y dos verdes) a un tablero con números del 1 al 6. Cada dardo puntuaba según su color: el rojo valía el número donde había caído por 3, el verde por 2 y el azul por 1. Tu puntuación era el total de los 4 dardos después de aplicar los múltiplos. Después de cada tirada se comprobaba el premio correspondiente a dicha puntuación en una tabla que estaba al lado, y siempre visible. La tabla tenía varias casillas enumeradas y en ellas, a priori, se veían más casillas con premios positivos que negativos, así como algunas especiales que generalmente te daban tiros extra.

Llamaron mi atención con la primera tirada gratis que estaba incluida con la entrada a la convención. En esa tirada conseguí 70 puntos, de los 100 que hacían falta para ganar el premio, a elegir entre varios modelos de Ps3 y Xbox 360 (video consolas que tienen un valor de unos $300). Además prometían darlas con el ticket de compra por lo que podría devolverlas para quedarme con el dinero.

La siguiente jugada costaba $5 por lo que podía intentarlo de nuevo. “Que me puedo gastar? $20?” Ese fue mi pensamiento en ese momento ya que justamente eso fue lo que llevaba encima. Con los 4 tiros adicionales conseguí 20 puntos, los cuales me dejaron a 10 puntos del premio. Veía que estaba tan cerca que fui al banco a sacar otros $100. Así tendría para jugar un par de jugadas más si era necesario y para el resto del día.

La puntuación de la siguiente jugada correspondía a una casilla especial, la cual me protegía en caso de caer en una casilla de las que te restan puntos (lo cual no había sucedido hasta el momento) pero que hacía que la siguiente jugada tuviera que apostar el doble, eso sí, también añadían un premio mas. Es decir, cada tirada costaba 10$ pero estaba jugando por $600. Con las tiradas correspondientes a los $100 conseguí 7 puntos más… quedaban solo 3 para el final. Tuve un momento de –ilusa– lucidez matemática. Según mis cálculos en ese momento y por los resultados de las últimas jugadas, podría ganar gastándome como máximo otros $100 consiguiendo unos $400 de beneficio.

Casi sin pensar nada más saque ese dinero dispuesto a jugar hasta ganar, pero en la siguiente jugada volví a caer en la casilla especial: cada jugada pasaba a costar $20 para un premio de $900, el cual acordamos que sería en efectivo. A partir de ese momento, cada nueva tirada venia acompañada de un sudor frio, estaba jugando sin pasarlo nada bien y una angustia interna se apoderaba de mí.

Con las siguientes 5 tiradas conseguí solo 2 puntos. Contamos y recontamos cada tirada para estar seguros de que no había truco… pero simplemente no estaba teniendo suerte. Me quedaba solo un punto. Estaba muy cerca pero aun así, no me encontraba bien y no quería continuar, por lo que llegamos al acuerdo de que si iba al día siguiente me guardaría la partida con las mismas condiciones.

Llegue a casa abatido, mentalmente agotado, y me fui a la cama a las 10:30 (muy muy pronto teniendo en cuenta que era un viernes). Pasé una noche horrible. No conseguí pegar ojo y tuve una constante sensación de agonía que no me dejo descansar, así que casi inconscientemente repase las posibilidades de ganar que podría tener. La cosa no pintaba tan mal, había “invertido” $220 pero estaba jugando por $900, y tan solo necesitaba un mísero punto, caer en cualquier casilla que puntuara.

A pesar de amanecer en un charco de sudor me levante como si tuviera el caballo ganador. Había sido una noche horrible, si… pero tendría que merecer la pena. Fui de nuevo a jugar, pero esta vez acompañado de mi novia.

En la primera jugada volví a caer en la maldita casilla que te multiplicaba el valor. Eso no entraba en mis planes por lo que me quede casi sin aliento. Cada nueva jugada costaba $40 y el premio, si lo hubiera… sería de $1200.

Esta jugada me sirvió para verlo con claridad… si caía de nuevo en esa casilla cada jugada costaría $80 y poco importaría ya el valor del premio. La banca siempre gana, y es aquí donde lo hace en este juego. Si caía de nuevo en esta casilla dejaría de jugar. Teniendo en cuenta esto tiré de nuevo, pero ya mucho más consciente de mis posibilidades reales a pesar de faltarme un punto. Por desgracia la puntuación correspondía a una casilla hasta ahora desconocida que me cambiaba 5 puntos por un tiro gratis… Maldita sea! La cosa empeoraba ya que ahora necesitaba 6 puntos.

Con el tiro gratis la suerte se rió de mí. Conseguí los dos puntos con los que habría ganado de haber tenido esta jugada antes… pero la suerte no estaba de mi lado. Resignado, tire de nuevo… y no conseguí puntuar. Era consciente de que había gastado ya $320 pero aun así estaba pensando en seguir jugando, al fin y al cabo medio había decidido seguir hasta caer en la casilla que multiplicaba.

Por suerte mi novia me miro a los ojos y me dijo: “No pasa nada. Si quieres seguir jugando sigue, sino vámonos, pero solo juega si lo estas pasando bien”. Fue mi salvación. Me fui tras acordar que me guardaba la partida de nuevo en caso de querer volver al día siguiente (el cual sería el último), pero esta vez fui capaz de analizar en frio lo sucedido. Había sobrevivido a 2 visitas a Las Vegas apostando apenas $10, pero había caído por completo en un juego de feria, en un engañabobos. No me reconocía a mí mismo.

Lo que me ha sorprendido de mi mismo es que, de haber querido jugar por iniciativa propia hubiera leído las reglas cuidadosamente, hubiera pedido ver los tickets de compra para estar seguro de que podría devolver los premios y obtener el dinero, hubiera estudiado las posibilidades de caer en las casillas que puntúan y solamente hubiera jugado de estar completamente seguro (suelo ser bastante racional). Pero no fue esto lo que ocurrió, de la nada se creó en mi una necesidad irreal que no supe controlar y simplemente me deje llevar… no lo tenía pensado. Supongo que es así como caes, o al menos así fue como yo lo hice.

Hoy es el último día en el que podría ir a intentarlo… pero ya teniéndolo todo claro he preferido sentarme, y escribir lo que sucedido. Lo bueno que puedo sacar de esto es que a pesar de haber perdido estos $320 he podido probarme a mí mismo lo poco que me gusta jugar y lo mal que me sienta.

Me encanta competir pero definitivamente no estoy hecho para el juego. Me alegro de haberlo podido descubrir de esta forma.

PD: Puede que el post me haya quedado largo… e incluso aburrido por estar tan detallado, pero lo he hecho de forma intencionada. Quiero recordar esta mala experiencia por mucho tiempo, para intentar que no se vuelva a repetir. Hasta ahora nunca había jugado porque en España no hay muchas ocasiones o sitios donde puedas hacerlo, pero en USA es diferente… en cada esquina tienes una posibilidad, por lo que de alguna forma los juegos de azar forman parte de la vida americana.

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