Aquella fría mañana me desperté con una sensación extrañamente familiar, la cual me recordó a cuando vivía en Andorra. Salí al patío y encontré, aunque no mucha y casi deshaciéndose, nieve recién caída. Después de un día de continua lluvia, la nieve era una buena noticia (para mí, a la hora de visitar una ciudad, es mucho menos molesta la nieve que la lluvia), y además el cielo, aunque aun algo nublado, dejaba entrever azules que indicaban que el clima iba a mejorar. Por suerte pudimos visitar lo que teníamos previsto.
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Zenkoji, el “templo inn” dónde nos alojamos en Takayama
Esa mañana desayunamos en una cafetería que estaba cerca del templo donde nos estábamos alojando. Nada más entrar fuimos el objetivo de las miradas de todos los que estaban ahí, algo que nos pareció normal, ya que parecía que ese lugar no era frecuentado por muchos occidentales. La camarera que nos atendió, muy amablemente nos preguntó de dónde éramos. Las palabras fueron inútiles, pero por suerte tenían un mapa del mundo colgado en la pared, en el que – curiosamente – Japón aparecía en el centro del mundo. Señalé a España en el extremo izquierdo, la camarera me sonrió sorprendida… y en ese momento me sentí muy muy lejos de casa.
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Ahora viendo Orlando en el extremo opuesto a España…
me siento aun más lejos ![]()
Tras finalizar el desayuno partimos hacia Hida no Sato, un museo una aldea situada a apenas unos 3 km de Takayama, compuesta por unas 30 casas antiguas construidas según el estilo tradicional de las regiones montañosas del interior de Japón. Dichas casas tienen entre 100 y 500 años de antigüedad, y fueron traídas desde diferentes lugares con el fin de conservarlas.
Se puede entrar en alguna de las casas, y en el interior contienen muestras de los utensilios y pinturas de la época. Como no se puede entrar con zapatos, es recomendable usar un calzado que pueda poner y quitar fácilmente.
La verdad es que visitar esta aldea me gustó bastante, ya que pude fácilmente imaginar cómo podría ser la vida en el Japón tradicional. Además es uno de esos lugares que cambian completamente según la época del año. Estas son algunas fotos que he encontrado en internet de esta aldea en las diferentes estaciones:
- Inicio Primavera (esta foto si la hice yo)
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Tras la visita volvimos a Takayama para hacer un recorrido a pie de unas dos horas, llamado “Higashiyama Walking Course”, que trascurre entre numerosos templos, continua por las afueras de la ciudad y termina en el parque Shiroyama, desde dónde se pueden apreciar unas bonitas vistas de la ciudad.
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En una de las casas vimos un Akita-Inu, una raza típica japonesa
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Curiosamente cerca encontramos esta señal… ¿es una caca que habla? ![]()
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Andentrándonos en el parque Shiroyama
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Había varios caminos… y no muy bien señalizados…
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Vistas de Takayama desde la colina
Una vez finalizado el recorrido volvimos a las calles que no pudimos disfrutar por la lluvia en el día anterior, donde esta vez sí paramos para hacer algunas compras.
Por suerte el sol nos acompañó durante todo el día
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Aquí compré un par de espadas de madera talladas… las cuales estuve cargando durante el resto del viaje ![]()
Dos clases de arte muy diferentes…
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Una cervecería… Me acabo de dar cuenta de que hace un par de años no me gustaba tanto la cerveza, porque no hice ninguna parada “técnica” ![]()
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Limpieza total, en todas y cada una de las calles
Después pasar por el templo / posada para recoger nuestras cosas nos fuimos a la estación para ir a Kyoto, nuestro próximo destino. Tras casi 4 horas y un par de cambios de tren, llegamos ya bien entrada la noche.
En el camino de regreso volvimos a cruzar montañas…
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En mi anterior viaje a Japón pasé una noche en Kyoto, pero a pesar de ello, y por primera vez en el viaje, al llegar me sentí completamente perdido, porque además cansancio acumulado, sólo teníamos un mapa en el que apenas se podía distinguir la dirección del hostal que teníamos reservado. Por suerte, aun estando en la estación, hubo un par de personas que se dieron cuenta de nuestra situación y se ofrecieron a ayudarnos. Un hombre joven se quedó un rato con nosotros, y es que mapa resultó ser inútil incluso para él, pero por suerte había un número de teléfono, al que llamó para confirmar si tenían nuestra reserva y la dirección. Después de asegurarse de que habíamos entendido sus indicaciones, el hombre se despidió haciéndonos una reverencia mientras nos sonreía. Jamás he conocido gente más atenta y menos interesada que los japoneses. Gracias de nuevo…
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Kyoto nos recibió con las luces características de la noche japonesa
Tras un par de trasbordos más llegamos al Gion BackPack Hostel, un pequeño y pintoresco hostal muy bien ubicado, donde teníamos previsto pasar las 4 siguientes noches.
La “curiosa” sala de internet
