Por la mañana dejamos Tokio para ir a Hakone, donde esta vez sí que pasaríamos el día. Hakone es una pequeña ciudad de apenas 15.000 habitantes, famosa por sus números osen naturales (baños de aguas termales) y sus vistas y cercanía al Monte Fuji, de hecho forma parte del Parque Nacional de Fuji-Hakone-Izu.
La principal atracción turística de esta ciudad transcurre alrededor del Lago Ashi. Es posible realizar un circuito para el cual es recomendable comprar el Hakone Free Pass. Se trata de un paquete que incluye todos los transportes, así como descuentos para algunos museos, parques y osen.
Una vez lo compramos en la estación, nos dirigimos al Kowakien B&B, el hotel donde pasaríamos esa noche. No pudimos hacer el check-in porque llagamos muy pronto, pero al menos pudimos dejar el equipaje. Al intentar dejar nuestros datos nos percatamos de que habíamos perdido la cartera en algún punto entre la llegada a Hakone y el hotel. Esto se convertiría es una de las anécdotas del viaje. Volvimos caminando a la parada donde subimos al bus que nos había llevado a nuestro pequeño hotel. Esta parada estaba justo enfrente de la recepción del hotel más grande de la zona, donde entramos a preguntar pero nadie pudo ayudarnos porque no hablaban inglés – repito… nadie hablaba inglés. De repente llegó el mismo autobús que nos había llevado ese último tramo, y mediante señas le explique al anciano conductor lo que había pasado. Me sonrió mientras me invitaba a subir.
Saliéndose de su ruta nos llevó a la entrada del Yunnesun, un SPA Resort situado cerca del hotel. Dejando al resto de pasajeros en el bus, el conductor nos acompañó a un puesto de seguridad, donde ya había una persona llamando a la policía para comunicarles que habían encontrado documentación de extranjeros. Muy amablemente nos devolvieron la cartera. Al salir pudimos comprobar que no faltaba nada, a pesar de haber una cantidad importante de dinero en efectivo, tarjetas de crédito, etc… No puedo decir que el final hubiera sido el mismo de haber pasado en mi España querida, y seguramente tampoco en USA.
Tras recuperar la cartera y a nosotros mismos del susto, tomamos un bus que nos llevó a la estación de Gora, y desde ahí otro que nos llevó a la zona de Moto Hakone, donde iniciamos el circuito. Empezamos paseando por la orilla del lago para luego ir a una zona elevada desde donde, en días despejados, se puede ver el Monte Fuji. Lamentablemente no tocó un día frio y nublado, por lo que no pudimos verlo, pero aun así el paisaje era bastante bonito.
Estas son las vistas que se pueden tener desde el mirador de esta casa, en la que además había un museo grautito:
Después nos dirigimos al muelle donde cogeríamos un barco para cruzar el lago. Para llegar allí cruzamos unas calles inspiradas en el Japón tradicional. Tenían replicas de casas antiguas que se podían visitar, pero no andábamos muy bien de tiempo por lo tuvimos que dejar.
El barco nos llevó al otro extremo del lago, dejándonos en la base del Monte Hakone, desde donde cogimos un telecabina que nos llevó a la parte más alta. El telecabina para en un valle desde donde se puede ver actividad volcánica.
La verdad es que hacía bastante frio pero aun así nos acercamos a los geysers. En la parte más alta había un puesto donde se podían comprar huevos cocidos por el calor de las emisiones.
Aunque el aspecto exterior sea diferente, la verdad es que saben igual. Según decían vivías 7 años más por cada huevo que te comías…
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Ahí estaba yo… currándome unas vidas extras ![]()
En las tiendas que había en la zona compré uno de los recuerdos que más me gustaron:
Tras las compras, tomamos de nuevo el telecabina para descender de la montaña y continuar el circuito, que ya estábamos terminando.
La última parada te dejaba cerca de la estación del tren cremallera que debíamos tomar para volver a Gora, la estación desde donde habíamos partido hacia Moto Hakone esa misma mañana.
Llegamos en el penúltimo tren del día, por lo que esperábamos poder hacer algo en el pueblo, pero fue imposible, ya que todos los museos estaban cerrados, por lo que fuimos al hotel donde ahora si podríamos hacer el check in.
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De vuelta en Gora, con las tiendas y museos cerrados no sabíamos dónde ir… Estos mapas tampoco nos ayudaron ![]()
Por casualidad, en el hotel junto con la factura nos dieron descuentos para el Yunessun, el mismo SPA donde recuperamos la cartera; así que después de dejar las cosas en la habitación me dirigí a este osen con la intención de relajarme.

La verdad es que fue curioso. Toda la información referente a las reglas estaba en perfecto japonés, por lo que me deje llevar por la intuición. Por la mañana había visto que la gente iba con bañador, así que entre con el mío puesto. Pensé que entrar desnudo a un baño común en el que la gente lleva traje de baño podría ser vergonzoso, pero la verdad es que entrar con bañador y ver a todo el mundo desnudo y mirándome también lo fue ![]()

Volví al vestuario, me desnude, cogí una mini toalla y entre de nuevo al baño. De igual forma sentí algunas miradas, y es que era el único extranjero, pero encontré un lugar donde tumbarme, relajarme y descansar. Desde luego lo conseguí.

Ahí me vi, como mi madre me trajo al mundo. Tumbado mirando al cielo… Disfrutando del silencio… Dejando que el agua hirviendo calentara mi cuerpo cansado en esa fría noche… Cerré los ojos y me sentí levitar…
Después del baño volví al hotel. Recuerdo que esa noche dormí como un bebe.
Es cierto que tal y como inicialmente pensamos, esta ciudad se puede ver en un día como excursión desde Tokio, pero la verdad es que para disfrutarla de forma completa es recomendable terminar la jornada en un osen, por lo que para esto lo mejor es pasar la noche allí.
