Domingo, el día perfecto para visitar parques. Por la mañana fuimos a Shinjuku para desde ahí, bajar caminando hacia a Harajuku. Situado al norte de Shibuya, este barrio es de los más cosmopolitas y jóvenes que hay en Tokio. Su principal atracción es la “Takeshita Street”, una estrecha calle comercial llena de tiendas undergrounds que siempre están a tope de gente. Aproveché la ocasión y me compré un par de camisetas con letras japonesas bastante chulas.
Después del almorzar fuimos al templo sintoísta Meiji Jingu. Este templo fue construido en 1920 para consagrar el alma del Emperador Meiji, quien gobernó Japón desde 1868 a 1912. En este periodo fue clave para la historia del país, ya que a partir de la gran modernización que sufrió, se situó como la gran potencia mundial que es hoy en día. Uno de los cambios más representativos que realizó este emperador fue establecer Tokio como capital del país, derrocando a Kyoto como ciudad principal tras casi 700 años (1180 – 1868). Además, le cambio el nombre a la ciudad, ya que Tokio hasta aquel entonces era conocida como Edo.
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En estos carteles la gente cuelga sus plegarias.
Tuvimos suerte y de casualidad pudimos ver una boda tradicional japonesa. Resulto ser bastante curiosa.
Antes de partir realizamos el ritual de la limpieza de la boca y manos, “obligatorio” antes de rezar:
Seguimos caminando por los senderos del templo y llegamos a un parque donde pudimos ver los primeros Sakuras (cerezos). En esta época del año los cerezos florecen tiñendo de rosa y blanco el paisaje japonés. Normalmente florecen con la llegada de la primavera, pero cuando nosotros fuimos tardaron un poco mas por la baja temperatura que estaba haciendo. Estos fueron los primeros Sakuras que vimos, pero no teníamos ni idea de los que nos quedaban por ver ![]()
Continuamos nuestra marcha hacia el parque Yoyogi. Este parque es uno de los más grandes de la ciudad y es famoso por ser el punto de unión de las distintas tribus urbanas que hay en Tokio. En este parque puedes ver gente disfrazada de series de anime, tocando música, haciendo malabares, practicando artes marciales, etc…
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Incluso vimos a un grupo grabando un videoclip.
Al salir del parque por la entrada principal nos encontramos con el “Tokyo Rockabilly Club”. Es un peculiar grupo de gente que se reunen todos los domingos, según dicen desde los años 70. Quedan siempre en el mismo sitio, y pasan el día bebiendo cerveza y bailando rock’n'roll.
Visitar estos parques es totalmente recomendable, especialmente los domingos, ya que en este día es mayor la posibilidad de encontrar enlaces tradicionales en Meiji Jingu y tribus urbanas en Yoyogi. En cierto modo, resulta curioso como parques tan diferentes y transitados conviven en perfecta armonía, uno justo al lado del otro. No me imagino por ejemplo jóvenes españoles haciendo botellón en los alrededores del La Catedral de la Almudena (Madrid) o La Sagrada Familia (Barcelona). Esto es una clara muestra del respeto que tiene la juventud hacia la tradición.
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En Japón somos los occidentales los que llamamos la atención ![]()
Me prometí a mi mismo usar solo fotos tomadas por mí, pero creo en esta –cogida prestada de la wikipedia- se aprecia bastante bien la unión de estos parques, formando uno de los principales pulmones verdes de esta gris megalópolis conocida como Tokio.
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Una vez anocheció volvimos a Shinjuku, la zona de rascacielos de Tokio. Pudimos subir a un mirador situado en la planta 70 de uno de ellos. Estas son las vistas que había… en teoría todo lo que se ve desde aquí se considera las afueras –interminables- de Tokio.
